Mi infancia, mi trampa

Pantera feroz, Recuerdos

img_20150730_232014Recuerdo esa etapa de mi vida con alegría, crecí en una casa pequeña llena de gente, pues aparte de los que vivíamos en casa, cada día teníamos visitas.

Es curioso que a pesar de ser un piso interior lo recuerdo muy luminoso, solo la cocina daba a un patio exterior, la luz entraba por la salida al balcón, que era un gran ventanal, tal vez por eso mi percepción sea así.

Mi madre fue una mujer dura, fuerte, sensible y muy amorosa, le sigo queriendo…

Mi padre era un hombre recto, honesto y cariñoso, también le sigo queriendo.

Voy a escribir desde lo que yo viví y través de lo que me contaron, principalmente, mi madre.

Yo soy la pequeña de cuatro hermanos, muy deseada por mis padres, los gemelos fueron mas cómplices de mis travesuras que mi hermano el mayor, el era el que más me cuidaba, mi madre me contó que se quedaba horas y horas meciendo mi cuna.

Aprendí a caminar a los once meses, a hablar más o menos al mismo tiempo, un tiempo que me huele a rosquillas de anís y si cierro los ojos escucho a mi ama cantando, a Carlos (el mayor) tocando la guitarra, a Alberto y Josémari (los gemelos) discutiendo por los cómics y a mi aita arreglando zapatos.

La banda sonora de mi niñez fue variopinta, crecí escuchando casi de todo menos copla, rock&roll, punk, flamenco, boleros… ah!! y los cuentos, unos singles que me regalaban y no me cansaba de oír.

Tengo la sensación de que tuve un principio de vida feliz, estoy muy agradecida a quien contribuyó a construir la memoria de mi infancia, es un lugar donde vuelvo cuando necesito sentir esa felicidad y tranquilidad que dejé de tener a mis catorce años, donde me arañaron mi inocencia.

No voy a tocar ese episodio de mi vida de manera profunda, ni a dar muchos datos, no lo creo necesario, lo significativo del hecho de haber sido abusada es que nunca fui capaz de contárselo a nadie en muchos años. La sensación era de culpabilidad, de miedo, de soledad, había veces que el desamparo era tan grande, que solo me reconfortaba el pensar en el hecho como algo romántico, me inventaba que era mi novio y después lloraba mucho, a las noches rezaba y pedía perdón, me quedaba dormida volviendo a mi infancia, en posición fetal, así seguí durmiendo durante años.

Mis padres nunca supieron nada, tampoco me arrepiento de no habérselo dicho después, porque iba hacerles un daño innecesario.

Tengo claro que he perdonado a quien abusó de mi, lo hice por mi salud mental, no podía seguir alimentando un odio que hacía de mi una persona desconfiada y triste.

Tal vez un día esa persona lee este texto… Si lo estás leyendo quiero decirte que salí de la trampa, ya no te escondo, así he limpiado ese lugar que ocupaste, dándole visibilidad, la luz entró igual que entraba en mi casa, iluminó ese pedazo de existencia que olía mal y aclaró la culpa. Podría mirarte a la cara y decirte: ” Te perdono porque quiero, porque lo necesito, te perdono porque me quiero”

2 comentarios en “Mi infancia, mi trampa

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