Brillantes como la piel de serpiente, finos hilos tejidos por la naturaleza odiada, temida.
Hebras aparentemente frágiles, como los insectos que se posan en ellas atraídos por una estructura atractiva, mortal.
A mí también me hipnotiza ese baile de cordeles reluciendo, cuando el viento los mece, miro como la delicada emboscada atrapa mi mirada, en mi espíritu de mosca siento un alivio en por fin haber caído en la tentación de haberme rendido, aún sabiendo al abismo que me lleva.
Así, como la vida misma me pone delante un precipicio y por algo desconocido se apodera de mi un impulso de saltar al vacío, aunque el instinto de protección me detiene, hay una fuerza física de lanzarme a la profundidad de lo desconocido, una atracción fatal, como un insecto a la tela de araña.






