Las patas de gallo cuando sonrió y cuando no, cuando las veo, las acaricio,están presentes por los segundos vividos conmigo, reconciliándome con el paso del tiempo, remando a favor de obra para relentizar la caída libre, que llegará…
Tengo cierto miedo a enfrentar mi reflejo, trabajo para que no me pase lo que le pasó a mi ama, que no se reconocía en el espejo.
Y esa magia que siento cuando ya no me revienta el occipital, cuando me llaman señora, no, ya no.
Percibo que me voy a sentir eternamente joven, tal vez no por fuera, pero por dentro y de momento tengo la mente fresca, me noto cada vez más despierta, entro en confusión cuando me aprecio más cansada y es ahí cuando llega la lucha con lo que soy y lo que siento y mi pensamiento mágico.
Total… Un potorro.
¡¿saesloquetedigo?!
