Agradezco haberme sentido incómoda, por que fue el impulso que me ayudó a ponerme en marcha una y mil veces.
Doy las gracias al llanto que hizo de canal, para limpiar momentos malos, también para revivir los buenos con calma y emociones bonitas.
Agradezco que mi cuerpo se rompiera para parar, así supe que si yo no lo hago, algo pasa para que me dé el tiempo que necesito y piense porque y hacia donde me lleva esa quietud.
Doy gracias a mis malas decisiones, es ahí donde lo tuve más claro.
Agradezco soñar, pues me conecta con otra realidad y me sirve en mi día a día.
Las piedras que me encontré en el camino, ahora entiendo que eran necesarias.
Mi madre entre muchas cosas que me dijo una, fue: «muriendo y aprendiendo» yo prefiero pensar que después de un tiempo, uno aprende a distinguirlo todo.
Se aprende que el amor es lo más importante, incluso más que la salud, me lo mostró la vida .
El tiempo me puso delante mis errores y los repetí hasta que me di cuenta, otros los sigo repitiendo hasta que identifique el origen.
Aprendi en mis presentes que los pasados son mis mapas y los futuros tienen su forma de partirse por la mitad, por eso aprendí a colaborar con lo inevitable.
Con el tiempo aprendí a sembrar en mi amor propio y no esperar a que nadie me regale flores, así se aprende que realmente lo que valemos, que somos realmente fuertes, que valgo mucho más de lo que pensaba, se aprende y aprende … así cada día.
Se aprende a apreciar la soledad, para que no cualquiera sea la compañía intermitente. Ante un recién llegado, me elijo a mi, porque yo sé cómo amarme.
Con el tiempo se aprende que el verdadero amor aporta, importa, cuida, escucha, reflexiona, comparte, conversa, ilusiona, es cómplice, ama…
El tiempo no espera, el tiempo forma parte de mis herramientas, con el hago, con el me empleo a fondo, en el también reposo y tomo aire.
Mientras la sierra de Gredos se lanza a devorar al sol, nos encontramos en nuestro pueblo, celebrando una fiesta ibicenca, creamos un espacio de alegría en medio de un paisaje antiguo y salvaje. Es una celebración del ser, del ahora y del ayer. Brindamos por la vida, una acción tan simple pero llena de significado. Se levantaron copas, mientras las risas resonaban en el aire, cada brindis era un eco de buenos deseos, de la salud que todos queremos tener, de los momentos vividos que se grabaron en nuestras memorias. Yo recordé antiguos veranos, bailes bajo la luna y muchos secretos lanzados al viento. Nos rodeaba un paraje que parecía contar historias de tiempos pasados, los canchales, los árboles y la brisa llevaban consigo la esencia de lo ancestral, una conexión profunda con la tierra que nos recordaba que formamos parte de algo mucho más grande, esa sensación de pertenencia nos salva de la rutina, nos devuelva al origen, a la autenticidad de lo que somos. El sol se ocultaba tras las montañas mientras hacíamos la cuenta atrás,los colores del cielo eran un espectáculo que parecía celebrar junto a nosotros. Mirando la transición del día a la noche, comprendí que esos instantes son los que realmente importan, en nuestra «Rusia la chica» celebramos no solo la vida, sino la magia de estar juntos, de ser parte de este todo que nos une y nos transforma, sí , es una fiesta ibicenca en Gredos.
Cuando empezamos a notar que la gente se aparta, es esencial tener una postura reflexiva, esta situación, aunque dolorosa, puede ser una valiosa oportunidad para el autoconocimiento, la primera pregunta que tengo que hacerme es: ¿Qué actitudes o comportamientos podrían estar contribuyendo a este aislamiento? En muchos casos, la forma en que nos relacionamos con los demás está influenciada por nuestras propias experiencias y emociones, puede que estemos proyectando inseguridad, desconfianza o incluso negatividad, lo que puede hacer que las personas se sientan incómodas a nuestro alrededor. Identificar estas conductas requiere valentía y honestidad. Para mí la autoobservación o mis buceos se convierten en una herramienta fundamental. Reflexiono sobre mis interacciones, ¿escucho activamente? ¿Soy verdaderamente empática? ¿O quizás tiendo a monopolizar las conversaciones? Es posible que, sin darme cuenta, esté creando muros en lugar de puentes, así que afrontar este proceso con compasión hacia uno mismo facilita el camino hacia el cambio, al reconocer nuestros patrones, podemos trabajar en mejorar nuestras relaciones interpersonales y fomentar conexiones más saludables. Este viaje hacia el autodescubrimiento puede ser transformador y a menudo resulta en un círculo social más positivo y enriquecedor. Advierto que es duro, pero te lo recomiendo, si no puedes o no sabes hacerlo, busca la ayuda de profesionales, yo no lo soy, he aprendido mucho, comparto pero no doy lecciones, porque aún mi camino de aprendizaje es muy largo, pero algo sé.❤️
En la vorágine del día a día, es fácil olvidar la importancia de detenerse, de buscar un momento solo para nosotros. Me han dicho que el estrés es como una sombra que nos persigue y que si no le ponemos freno, puede consumir nuestra energía y nuestra esencia, por eso, he decidido escuchar esas palabras y hacer un cambio consciente en mi vida.
Tomar tiempo diariamente para desconectar no es solo un consejo, es un regalo que me ofrezco a mí misma, un espacio donde puedo ser yo, sin exigencias ni ruidos externos.
Este será mi momento sagrado, un refugio donde podré escucharme, donde cada susurro de mi interior pueda ser escuchado. Me imagino encendiendo una vela, creando un ambiente propicio para la introspección. Un lugar donde el silencio no sea vacío, sino el eco de mis pensamientos y emociones.
Sé que la vida tiene su forma de interrumpirnos, de arrastrarnos en su ritmo frenético. Pero también sé que tenemos el poder de reivindicarnos, de colocar pequeños oasis en medio del caos.
Mientras la semana transcurre, me tomaré esos minutos preciosos, tal vez será con una taza de té caliente en mis manos o simplemente cerrando los ojos y respirando profundamente.
El fin de semana se transformará en un espacio aún más especial.
Ahí, en mi tiempo libre, haré de mis descansos un acto de amor propio, crearé un refugio íntimo donde mis hobbies y placeres sean venerados, un santuario de conexión conmigo misma, será un tiempo para permitirme ser, para reponer mi alma y llenar mi corazón.
Así, reconozco que el verdadero viaje empieza cuando decido prestarme atención. Con cada pequeño paso hacia la calma, me acerco un poco más a la paz que tanto reclama mi cuerpo.
Cierro los ojos, respiro, primero un poco acelerada.
El ritmo de mi respirar se va ralentizando, dejo libre mi mente para que viaje sin control por cualquier pensamiento, mientras me centro en el aire que entra y sale de mi, el pulso se vuelve lento, los pensamientos van más pausados, mis ojos cerrados empiezan a ver hacia dentro, la mirada se expande tanto, que el afuera y el interior son solo un espacio único, tan grande, que lo asumo universal.
Conecto con lo que no conozco desconociendo el origen, sin embargo es también el mío, dónde todo empieza, lo recibo como la totalidad de la existencia, no me siento única, me reconozco integrada en muchas como yo.
Ahí donde el todo y la nada es la misma cosa, donde la importancia del sentir es la consecuencia del existir, siento la ingravidez, la incorporiedad de la existencia.
Comprendo que la vida es solo un paseo, nada es tan importante como lo que no se ve, ahí es donde reviso y aligero mi mochila, porque he entendido el camino.
Ando aceptando que dentro de mi hay algo más grande de lo que pudiese imaginar.
Me gusta leer por las mañanas, mientras me tomo un café con leche casi amargo. Saboreo la lectura, escucho música a la tarde, me mezo en sus notas, me duermo a mitad de una cancion, una siesta con banda sonora.
A las noches, me seduce el boligrafo.
A veces, sale la niña a escribir y otras la adulta, otras…la fiera. La niña cuenta sus sueños, la adulta disfraza textos y entre lineas, deja su alma desnuda, la fiera escupe, se revuelca en tinta, escribe desde las visceras, pero poca gente reconoce sus letras.
«Una llamada» suena la voz de dentro hacia más a dentroescucho tapándome los oidos.
¿Será para oirla con más claridad?¿será el gesto que se hace para no querer escuchar nada?o…¿Me tapo con mis manos por miedo a que griten mis entrañas y las escuche el mundo?
Lo cierto es que yo sé porque aprieto los labios.¿porqué cierro los ojos?¿porqué cubro mis oidos? ¿porqué veo un abismo? y la voz no se calla, porque no es de nadie más que la mía.
Son mis palabras ahogándose en mis jugos gástricos, mueren cada dia para volver hablar por la noche.
«Hola!! somos tus putos sentimientos, tu puta conciencia, tu puta realidad muriéndosete dentro.» «Tu jodido y puto sueño!!
Me pongo los auriculares…más alta, más alta esa musica!! tal vez…se canse esa voz hija de puta o a lo mejor se oye menos…»
» Son emociones ya pasadas, si no las leo no las recuerdo»
Esa sensación en el estómago, apenas un mareo dentro de la cabeza, ganas de vomitar …
Todo ésto por poner un pie en lo prohibido, no avanzo porque me perdería y entraría a la perdición dando tumbos y vomitada, no, así no quiero ir a ninguna parte.
Me gusta pensar que no salto al vacío, no es inseguridad, es madurez, dejar y comenzar es parte del camino, del avance y crecimiento.
Aunque no tenga un destino definido, quiero marcharme sin prisa, sin la emoción que se tiene al huir, prefiero que el palpitar me rompa el pecho cuando esté donde quiero estar, aunque aún no sepa dónde, a que me lo parta al salir de donde me encuentro.
Así que el pecado me guiña un ojo y yo le levanto una ceja, iré, pero con paso firme y oliendo como la reina de mi vida que soy.
Al parecer la música nos trae y nos lleva, hay canciones que contienen la fuerza para lanzarme a años atrás.
Que pellizco tan dulce.
Allí estaba con diecisiete casi enamorada, casi feliz, protestando por todo, preocupada por nada, sonriéndole a la vida que pintaba bien.
No sabía que ésta melodía me iba a reenviar una y otra vez a ese momento tan bonito.
Ignoraba que meses después de esos diecisiete nada iba a ser lo mismo, también sonaría una canción que me ayudaría a llorar, no supe que ya nunca iba a despreocuparme, pues el miedo ocupaba aquel espacio que estuvo vacío, también desde entonces sonrió con la mirada triste.
La vida sigue pintando bien a pesar de las mil patadas y las lagrimas que aprendí a no acumular, he sabido bailármela y cantármela.
Dibuja líneas rojas que bordean, arropan los palpitares.
Sinuosos hilos colorados tejen un océano de emociones, unas compartidas, otras pespunteadas en la soledad de las ausencias tan masticadas.
Llega el día de los enamorados con un corazón de chocolate.
Un dulce que también envuelve mi latir, con el carmesí que colorea el futuro.
San Valentín, ese día la silueta de la vida se desdibujada, mientras el mundo celebraba el amor, yo despedía con todo mi amor a un amor que me acompañó siempre.
Siempre… Hoy también es siempre.
Sólo fue ese día, donde lloré y agradecí tantos significados.
Ahora no hay dolor, hay paz y aprendizaje.
Tejen mi centro miles de hebras coloradas, que perfilan mi pasado y mi presente.