De cuando caí

Pantera feroz

Nací del vientre más cálido, crecí sospechando que todos eran distintos, a pesar de que mi educación fuese igual que la de mis hermanos, mi forma de razonar era tan diferente…
Fui conociéndome durante estos años, pero me reconocía antigua en cada paso que daba, pues me adelantaba a ver como mí cuerpo solo era el envase de mi misma
acepté lo que me iba ocurriendo en un yo físico, mental y emocional, encontré el equilibrio entre ellos, mis herramientas fueron siempre un buceo interno, un diálogo conmigo para poder comprenderme y aprender a comprender al mundo.
La vida pasaba y en ella ocurrían acontecimientos que por duros que pareciesen, yo sabía resolver, aprendía con cada obstáculo, me servía para crecer. En el momento que empecé a perder ya desde niña a personas importantes, entendí que esos dolores y la gestión de ellos, para mi iban a ser peldaños de subida, también supe que tenía que diferenciar que  lo que les pasara a otros, por más que quisiera hacerlo mío, no me pasaba a mi y que tenía que aprender a tener claro, lo que era el dolor, los sucesos propios de lo que era el dolor que sintiese por sucesos de otra persona, por mucho amor que me uniese.

Y después de estos apuntes, empieza un cuento:
…Erase una vez una mujer que tenía el don de sonreírse y sonreír, siempre le acompañó un calor que reconfortaba a quien se ponía en sus manos, su corazón era noble, sus sentimientos puros y su mirada limpia, encontró su lugar en una tierra a veces hostil, pero de increíble belleza, caminaba sobre ella firme, pero con cuidado para no pesarle demasiado, se fijaba en la armonía de los elementos, el mar fue lo que más le impactó, se le metió dentro el olor a sal y ahora forma parte de ella, como si fuese una sirena en tierra.
Un día cualquiera vio a esa persona, que de forma inexplicable reconoce sin haberle visto antes, la conversación entre ellos fluye como el agua de un arroyo, que sin saber como ni porque en su camino revuelve los cantos rodados del fondo, formando burbujas en ambas orillas.
Hubo más encuentros, cada vez se acercaban más las palabras a ese lugar que yo conocía tan bien, el alma…
Pasaron los días, momentos que robaban a sus vidas, donde compartían el sueño de una vida en común, el tan carnal y ella tan emocional…Hacían una extraña combinación que parecía mágica.
En el tiempo el ocupaba más espacio, se metía en la mente de ella, estudiaba, hacía estrategias, mientras la sirena de tierra miraba a otro lado, queriendo no ver.
Cada palabra estaba siendo medida, cada movimiento estaba siendo calculado, cada emoción valorada, estaba siendo sometida a un examen y era consciente de ello, hubo tres evaluaciones que no aprobó, en la revisión de ellos ella se esforzaba por ver sus errores, pero le costaba entenderlos tan graves, tan importantes como para perder el curso, así fueron tres exámenes, que le hacía el que se decía el amor de su vida.
Hubo un examen determinante, mientras ella acariciaba el cuerpo de su amado, entendía que convivía con un ser atormentado, acomplejado, violento, que cuando abrazaba sentía a su monstruo como se calmaba y entonces ella volvía a sentir que el era su casa…
Cada día callaba más, cada palabra no dicha, estrechaba su débil garganta y se ahogaba en ese mar que hizo suyo. Una noche sin luna la bestia se apoderó del hombre, castigó con su lenguaje a la persona que amaba y en cada palabra ella iba sumergiéndose en si misma, cada vez le oía más lejos y dejó de oírle para escucharse a si misma, por dentro era una marejada, las olas golpeaban con fuerza, hubo un maremoto, un tifón …se sintió en la orilla de si misma, dañada, dolorida, no era capaz de levantarse, pues sus extremidades no respondían, quedó quieta en su playa, en silencio hasta que tuvo hilo de voz y les dijo a los pájaros que avisaran a sus fuerzas, que les contaran que no se olvidó de ellas, pero necesitaba sentirlas cerca para poder recordar como usarlas, vinieron todas, sus formas fueron varias, recuerdos, familia, pero las que mayor aporte y empuje le dieron fueron las mujeres de su vida, que le sirvieron de almohadas, de palanca y de muletas.
Hoy revisa los desperfectos dentro de ella, son grandes, este es un escalón muy grande que le hará ascen der más alto.
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Shssss…Calla cabeza

Pantera feroz

Ideas que se desechan al cajón del olvido
cajón de una mesita de noche a la que no se le quita el polvo
de día se hace invisible y de noche brillan partículas de suciedad
que nos recuerdan que hay ideas que no olvidamos

Pensamientos que vuelan en un tiempo y creemos que desaparecen
que se esfuman para toda la vida
el viento los lleva lejos, un día regresan casi ancianos
fríos de un largo viaje, vuelven para querer ser echados al cajón del olvido

en ese espacio repleto de silencios, donde no cabe nada más
pesa  lo que se dice después de un pero, putos peros…
nublan un razonamiento y me enmarañan en un torbellino de ideas
que tienen que ser matadas

no mato, encarcelo con ellas mucha carga de emoción que las alimenta
en ese lugar llamado la nada
¿que te pasa?… Nada
ese nada que es un todo callado

Yo sé lo que pasa, lo sé y punto, no hay forma de verbalizar un sentimiento que solo tengo yo
no quiero definirlas, quiero matarlas
que mueran en el jodido espacio de tiempo en el que apuñalo con fuerza
quiero resolver con sangre invisible, para que no quede rastro

después quemar esa mesita de noche, con su cajón ya lleno de cadáveres
de ideas que sirvieron para ocupar un espacio inexistente para otros
que arda como lo hacen los féretros y que mi mente se libere de pensamientos zombies
pero pensar es inevitable, putos peros…